martes, 21 de mayo de 2013

Abrázame.

La cabeza le estallaba. Por mucho que quisiese no pensar, sería ir contra su naturaleza. Imposible. Así que pensó, aunque aquello le doliese. Así era ella, nunca dejaba de ser ella misma, aunque la tempestad asolase la ciudad. Recordó un emético momento, en el cuál ella dejó de ser ella misma. Se perdió. Y como escudo, su mente volvió a pensar en cosas bonitas, aquellas cosas por las que ella pensaba que merecía la pena vivir. Tan solo quería explorar, no ser como el resto. Pero muchas veces le costaba. Infinidad de veces se preguntaba cómo mejorar, cómo dejar las cosas malas a un lado. Cuando estaba sola, era ella misma, esa persona tan desconcertante... pero le encantaba que su mente le llevase a aquellos sitios tan especiales, aquellas sensaciones tan contraproducentes que la llenaban de... vida. Pero la soledad está bien para un rato, cuando necesitas alguien a quién abrazar y solo te tienes a ti misma, añoras brazos ajenos que te aporten algo de calor y protección. Los suyos, siempre.

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