domingo, 2 de febrero de 2014

Calles sin dueño.


Y de nuevo llegó la noche, me retuerzo en mi insomnio, recuerdo tus palabras vacías de valor y entonces amanezco con sabor a rabia. Reconstruyo mi día a día con miradas pasadas y lugares que ahora carecen de sentido. Entonces vuelvo a ser esa persona con sueño y despistada que solo buscar algo que la mantenga respirando. Luego estás tú, decidido. Sonriente. Caminas por tu luminosa calle, recta, lisa, y tienes ese resplandor que todo el mundo adora. Yo observo desde el otro lado como eres capaz de vivir con tanta hipocresía. Mi calle está vacía, las farolas no alumbran, camino sobre este suelo pedregoso, tropiezo, me levanto. Tan solo oigo silencio y ésta voz interior que me dice 'eres mía'. Grito de dolor. Estas cadenas pesan demasiado, me duelen las muñecas. Y aunque quizás serías capaz de arrancártelas y correr, sabes que es una tarea ardua. Demasiado esfuerzo para un cuerpo tan cansado. Entonces te rindes, te sientas al borde de la acera, y contemplas el acto final.