miércoles, 18 de junio de 2014

50 noches sin ti. N01

Noche 01.


No puedo respirar...

Mis pulmones están rotos. No de tantos cigarrillos, pues de esos he perdido ya la cuenta. No funciono. De alguna manera u otra, no sirvo. No quiero dormir. No voy a dormir. Aunque quisiera, no podría. Es demasiado doloroso yacer sobre tu olor. Saborear cada recuerdo <<¡No. Escupe, escupe, subnormal!>>. ¿Acaso no era yo suficiente? ¿Acaso no lo éramos todo? ¿Acaso...? Acaso nada. No merece la pena auto cuestionarme. Todos me dicen que estaré bien. Que todo saldrá adelante, que es el propio ciclo de la vida. Eso lo dicen porque no tienen ni idea. No te conocen. No conocen cada centímetro de tu espalda, el cómo caminas o como arqueas la ceja cuando oyes algo gracioso. No conocen cada suspiro, ni te han visto derramar lágrimas de puro sufrimiento, no han visto nada. No te han oído componer ni siquiera han oído algo profundo de ti. Lo que de verdad es tu esencia. No tienen ni puta idea. Pero, qué más dará. Tampoco te han visto fingir felicidad durante tanto tiempo. Yo tampoco me di cuenta. De haberlo sabido habría hecho algo al respecto. Pues fingir felicidad es la peor de las tristezas. No mereces eso mi amor, mereces el paraíso. Como si cada día fuera el día de tu cumpleaños. Eso. Eso te daría. Entonces te cuestionas por qué las cosas se revolvieron de aquella manera hasta que se hicieron insostenibles. Creamos algo hermoso, algo fantástico... y lo convertimos en infierno. Tus clavículas, tus mordiscos, incluso la yema de tus dedos, eso era cielo. No sé cómo pude dejar que todo se fuera a la mierda.

Te necesito.

Perspective.



Qué tan sencillo es cambiar. Revolver un solo pensamiento en un segundo. Mandarlo todo a paseo y empezar de nuevo contigo misma. Abres los ojos, te despiertas un día, y decides que ya no quieres ser de esa manera. Que ya tuviste suficiente. Olvidas tus errores, aquellas cosas que quizás debiste haber hecho y no hiciste. Aquellos besos que no diste y aquellas palabras que se te amontonaron en la boca y quedaron en nada. Ahora son eso. Nada. Todo eso que esperas de los demás, desaparece. Incluso tus propias reacciones. ¿Para qué seguir preocupándonos? Ese tío que te hace daño y que luego suplica perdón, no merece ni una mirada. Ese día en el trabajo cuando todos te sacan de quicio... mándalo todo a la mierda. Cambia tu actitud. Es la única manera de que cambien las cosas. La perspectiva lo es todo.