viernes, 31 de agosto de 2012

Stones.


La vida no existe como tal. No es completa. Se divide en las piedras que tiras y las piedras que recoges en el camino. En hacer daño y recibirlo. La cuestión es cómo afrontar las situaciones cuando te sientes lapidada, cuando tu cuerpo apenas responde ante tanto dolor interno. Porque la sangre y las heridas no importan, sanarán. Lo de dentro es lo que perdura. Somos como somos, y solo nosotros tenemos la capacidad de cambiarnos, de reinventarnos. Pero... ¿Cómo saber que lo que haces está bien o está mal? Sentido común creo que lo llaman. Mi opinión es que la vida debería llevar instrucciones. Y no solo eso, sino normas también. Debería estar estipulado que hacer daño es delito, que deberíamos centrarnos en hacer felices a los demás a la misma par que deseamos hacernos felices a nosotros mismos, que ser destructivos no ayuda a nadie. 

Porque llega un momento en el que alguien ha recogido tantas piedras por el camino que tiene munición para destruir todo aquello que desee... y es ahí cuando se rompen los esquemas.

domingo, 26 de agosto de 2012

Juguemos.


Me siento como una aprendiz en este juego de la vida. Tus besos son mis reglas y tu cuello mi meta. He tenido que pasar por tantos obstáculos para conseguir esto que tengo... a veces incluso he tenido que empezar de cero. Y hoy día estoy a mitad de camino y no sé qué es lo correcto, si seguir luchando y ganar... o dar pasos hacia atrás y retroceder casillas.

lunes, 13 de agosto de 2012

Cartas.


Mi habitación está repleta de cartas que nunca mandé. Cartas pasadas que hoy tan solo me dejan mal sabor de boca. Te hice pensar que te despreciaba, que no me importabas. Te hice pensar que esas cartas que tanto me pedías que te enviase las dejé en el olvido. No. Tan solo las dejé en el cajón de mi mesita de noche, para leerlas cada vez que pienso en ti.

lunes, 6 de agosto de 2012

y luego tú.


Es aquí cuando clavo mis huesos en el zurcido de las sábanas, amoldo mi cuerpo al colchón, me abrazo a las piernas y me encojo. Me hago pequeña y le miro...

Duele.

Él se tumba junto a mí, se amolda a mi postura e intenta compartir mi dolor. Intenta atenuarlo cogiendo un poco y quedandoselo para sí, pero el dolor es demasiado y se sale de nuestras costillas. Amenaza con herirnos eternamente y es ahí cuando nos miramos con miedo. Con miedo a las alturas, miedo a querernos mal, miedo a estar perdidos. Él intenta que me duela menos, y sonríe. Pero ni por esas se cierra la herida y al final los dos acabamos llorosos, doloridos, con la necesidad de una tirita permanente. Nuestros cuerpos se inundan de huracán, de ruina, de espinas. Él se aferra a mí y yo me dejo hacer. Dos almas heridas en una habitación demasiado pequeña como para contener tanto.

domingo, 5 de agosto de 2012

Una de princesas..


Supongo que es así como acaba el sueño, donde el reloj se para a las 12 en punto y vuelvo a ser esta versión de mí misma que no añoraba demasiado. Ser una princesa tuvo sus momentos, pero quizás no estoy hecha para tanto. Quizás es una fantasía eso de vivir en el cielo. Para mí que vivimos en el infierno y nadie se ha dado cuenta aún.

Los cuentos que leía de pequeña siempre tenían un final feliz, difícilmente los puedo amoldar a la vida real. La princesa se casaba con el príncipe más encantador del reino, y su amor era eterno. Valiente mierda. Toda mi vida quise ser una princesa y tener mi propio cuento. Me he dado cuenta de que ser una princesa hoy día conlleva demasiadas responsabilidades. Paso de princesas, de cuentos, de príncipes, de finales felices con perdices que nunca acaban y de ranitas a las que besar. Me quedo con mi realidad, que por lo menos no engaña.